
Por aquellas vueltas que da la vida, hace unos días me invitaron a una fiesta de pumpleaños (de la prima en segundo grado de una amiga, de la cuñada de una compañera de clase de la Flaca, o sea, casi íbamos de colados), en una discoteca de moda de la zona viva, fue toda una experiencia que no podía dejar de compartir en el blog. Para empezar la compañía era la mejor (mi Flaca adorada) que con su habitual habilidad para llegar a algún lado sin usar direcciones me llevo al susodicho templo a Baco y me oriento sobre la importancia de parquearse cerca de la puerta, no para salir más rápido, sino para evitar caminar sobre piedrín que debe ser difícil cuando se llevan zapatos de tacón alto. Al llegar las presentaciones de rigor y el primer PUTA!!!! interno al ver el tamaño de los zapatos donde iba “encaramada” una de las amiguitas de la cumpleañera, parecía artista lúdica pero además con raquitismo, es mas, a esta niña si el licor no la hacia caer seguro una corriente de aire fuerte la botaba de esas plataformas en que iba subida, eso si, no tenia nada que envidiarle a la Barbi (no el narco) y tenia además el plus del acento que da el oriente de este país, lo que la hacia ver mejor y sobre todo escuchar mejor. Ya estando en la puerta, la dueña de la fiesta hablo con los guardianes del lugar (me gusta eso de guardianes, son como abortos de guardaespaldas pero con tendencia a la parranda) para que nos dejaran entrar a todos los que esperábamos, el guardián mayor paso una revista visual a nuestra apariencia y decidió que del grupo, una pareja no podía entrar pues el niño bien llevaba tenis, carísimos pero al fin y al cabo TENIS, que seguro si los usaba para trabajar como hacemos allá en mi otro pueblo, en dos días ya se le cayo la etiqueta de carísimos y están llenos de fluidos corporales y yeso. Luego de la revisión el tipo determino que el resto de los invitados si éramos aptos para entrar, o sea, llevábamos zapatos no tan caros pero de aquellos que se usan para ir a entrevistas de trabajo los hombres y para lucir en la oficina las mujeres, así que en forma más que ordenada empezamos a adentrarnos, no sin antes la correspondiente tocada por parte de otro de los guardianes en busca de nuestras armas ocultas o drogas para compartir (por cierto me encanto que mi Flaca le dijera al tipo “¿Le ayudo…? pero con una voz que seguro me hubiera dejado tocar más por ella). Ya estando adentro me doy cuenta de lo elaborado de los diseños, la poca luz, la música que parecía descompuesta por la computadora y sobre todo los precios de las bebidas… segundo PUTA!!!! interno, como diría un colega “con eso mejor compro la caja, me la tomo solito y hasta me sobra pa las bocas”, tengo que admitir que me pareció excesivamente caro, y eso que yo para el sagrado guaro no regateo, es mas, alego si no abunda, no sé de qué diablos estaba hecho ese licor pero seguro lo hicieron con agua bendecida por el Papa y con imposición de manos por Cash, creo que esa es la razón por la que no me gustan esos ambientes raros, con música de ruiditos y luces que marean, afortunadamente mi Flaca sentía las mismas molestias por lo que casi en silencio acordamos no estar más de 20 minutos en el dichoso lugar, dimos tres abrazos de feliz cumpleaños, dijimos adiós con las manos y sonriendo, pero de felicidad por salir del estruendo, nos fuimos de esa cajita de vanidades.
En fin, me sigue gustando más la zona 1, con sus parqueos en la vía pública, su música armoniosa, me encanta el francés con ajo de la tía, la vela eterna en la luna, el olor a mota del ambiente, las paredes con arte, los afiches viejos colgados en clavos oxidados, los bancos de madera que son incómodos al llegar pero en dos horas, se siente como asiento de avión y hasta espacio para dormir dan, me gusta mucho mas mi copa de vino tinto en la séptima con la Flaca matando quesos y sonriendo… eso si que es una fiesta.
En fin, me sigue gustando más la zona 1, con sus parqueos en la vía pública, su música armoniosa, me encanta el francés con ajo de la tía, la vela eterna en la luna, el olor a mota del ambiente, las paredes con arte, los afiches viejos colgados en clavos oxidados, los bancos de madera que son incómodos al llegar pero en dos horas, se siente como asiento de avión y hasta espacio para dormir dan, me gusta mucho mas mi copa de vino tinto en la séptima con la Flaca matando quesos y sonriendo… eso si que es una fiesta.
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